Gran Fondo Giordana 2014

Empieza la marcha

Quienes participaron en la Quebrantahuesos de 2010 se acordarán del frío que pasamos, sobre todo a partir de Somport. Aquel año, tras acabar la prueba, tenía previsto viajar desde Sabiñánigo al norte de Italia, y participar en la Marco Pantani, una marcha de gran dureza que recuerda la victoria del pirata en la etapa reina del Giro de 1994. Al final no lo hice. Al cruzar la línea de meta en Sabiñánigo no me quedaba ni un gramo de la motivación necesaria para afrontar una prueba de ese nivel.

Aprica

Era una espina que tenía clavada, así que 4 años después, retomé la idea y me volví a inscribir en esa marcha (ahora se llama Gran Fondo Giordana) que encadena en su final, y tras haber subido antes el Passo Gavia, las ascensiones al Mortirolo y Santa Cristina. Total que el 22 de junio allá estaba yo, rodeado de 3.200 ciclistas, dispuesto a darlo todo en el recorrido longo, 175 kilómetros y 4.500 metros de desnivel.

Línea de meta en Aprica

Son cerca de las 7:30 de la mañana, hora de la salida. Muchas casas en Aprica lucen cintas de colores y maillots colgados en las fachadas. La temperatura es agradable, dieciséis grados. Me sitúo a la cola del gran pelotón y espero con tensión que se dé la salida. No voy a disputar nada, voy a conocer, a disfrutar a pesar del esfuerzo que implica participar en una marcha como esta. Empieza el movimiento. Cuando por fin cruzo la línea de salida y suena el chip, el speaker anuncia que hace 7 minutos que han salido los primeros.

Salida

Por medidas de seguridad la organización lleva la marcha bloqueada hasta Edolo, 15 kilómetros de descenso. A partir de aquí la carretera pica hacia arriba y la velocidad es libre, cada uno debe buscar su ritmo. Dejamos Ponte di Legno a la izquierda y en la siguiente bifurcación giramos hacia el Gavia, a nuestra derecha queda la ascensión a otro grande, el Passo Tonale.

Guardo en mi memoria las terribles imágenes del Giro del 88 cuando en el Gavia se desató una tormenta de nieve que hizo del descenso de los ciclistas uno de los episodios más dramáticos del Giro de Italia. La temperatura era tan baja que se llegó a formar hielo en las manetas de los frenos y algunos ciclistas, ateridos por el frío, tuvieron que calentarse en el interior de los coches de equipo. Quizá el mayor perjudicado fue el holandés Van der Velde quien habiendo coronado el puerto escapado perdió en línea de meta cerca de 50 minutos respecto al ganador, su compatriota Erik Breukink. Hoy las condiciones son muy distintas. Hace un día espectacular.

Andrew  Hampsted

A partir de Santa Apollonia nos esperan las primeras rampas con desniveles por encima de los dos dígitos suavizadas por curvas de herradura que vamos dejando atrás. A medida que ganamos altura, van desapareciendo los árboles y descubrimos el majestuoso paisaje que alberga este lugar.

Monte Gavia

A falta de unos 2 kilómetros para coronar encontramos el peligroso túnel del Gavia, medio kilómetro de total oscuridad al 9% de desnivel que, para nosotros, hoy está iluminado.Subiendo el Gavia

Un último esfuerzo y alcanzo el refugio Bonetta, a 2.652 metros de altitud. Primer avituallamiento. Me detengo y tomo unas cuantas fotos. El panorama es magnífico, hay nieve muy cerca y una laguna al borde la carretera aún conserva bloques de hielo flotando en su interior. El aire que respiramos es puro y fresco. Debo seguir pero también quiero disfrutar el momento. Seguramente nunca más estaré aquí.

Gavia

Me abrigo para el vertiginoso descenso hacia Santa Caterina di Valfurva. Durante la bajada, que prácticamente hago en solitario, me cruzo con varios ciclistas que, ajenos a la marcha, ascienden esta vertiente del puerto, algunos suben andando con la bici de la mano.

Tras cruzar Santa Caterina, ya en el valle, la temperatura es más agradable. Me alcanza por detrás un grupo que rueda fuerte. Tengo que dejar para más adelante la barrita que estaba desenvolviendo si no quiero quedarme sólo otra vez.

Pasamos Bormio y, a mil, nos dirigimos hacia Sondalo, Grosio, Grosseto... pueblos que pasan como un suspiro. Es el valle de la Valtellina, donde nos espera el coloso. Giramos a la izquierda y llegamos a otro avituallamiento, estamos en Mazzo.

En 1990 el Giro de Italia incluyó por primera vez la ascensión al Mortirolo (Passo di Foppa), 12,5 kilómetros de longitud y 10,5% de media pero con rampas sostenidas que se acercan al 20%. Hasta que apareció el Angliru y, más tarde el Monte Zoncolán, puede que éste fuera el puerto más duro de las grandes vueltas. Todo esto lo sabía cuando, al principio de la subida, se me pasaba por la cabeza que quizá no era para tanto, que a lo mejor estaba un poco sobrevalorado. Sin embargo, pasados ya 3 kilómetros, encuentro un cartel que avisa “Pendiente massima 18%” y, a partir de ahí, el puerto enseña su verdadera cara. Desengañado pienso que esto va a ser un calvario y no soy el único, algunos ya han echado pie a tierra para subir andando.

En el ascenso al Mortirolo

Hay quien dice que la pájara que sufrió Induráin en el passo Santa Cristina fue consecuencia del derroche de energía que exhibió en este puerto con el fin de soltar a Berzin mientras por delante volaba majestuoso Pantani.

A diferencia del Gavia, el Mortirolo es un puerto que discurre oculto entro los árboles. No se ve más paisaje que pequeñas praderas  que albergan cabañas reconvertidas en casitas de campo. Casi las únicas referencias son los carteles que anuncian el número del tornante (curva) que, empezando en 32 al inicio del puerto, va  decreciendo a medida que ascendemos.

En la curva 11 aparece la escultura en homenaje a Pantani. Parece que pasó lo peor aunque la pendiente continúa siendo vigorosa. No ha habido descanso en toda la subida, en ocasiones el desnivel bajaba del 12% y se hacía un poco más llevadero.

Escultura de Pantani

Tras el avituallamiento situado en la cima sucede un tramo de falso llano aderezado con algún repecho más largo de lo que yo quisiera. No obstante, felices por haber dejado atrás al temible Mortirolo, recuperamos ritmo y, en fila, sorteamos las curvas y afrontamos el rápido descenso que nos lleva hasta Aprica. Para algunos la marcha se acaba aquí, los que eligieron el recorrido medio, otros hemos de continuar bajando desde Aprica hacia Santa Cristina.

Descendiendo del Mortirolo

Llevo más de 150 kilómetros en las piernas pero me siento bien. Al empezar la ascensión se ve, a la derecha, la iglesia que da nombre a este puerto de tercera. ¿Tercera?, ¡si son 6 kilómetros a un 10% de desnivel! Se me hicieron eternos. A mitad de puerto las fuerzas empiezan a flaquear, de golpe me noto débil, vacío, pedalear es cada vez más costoso. Me adelantan algunos ciclistas que poco antes había dejado atrás. Los escasos aficionados que nos observan desde la cuneta me animan, supongo que mentirían diciéndome que ya estoy casi arriba y esas cosas que se dicen para dar un plus de moral cuando ves a alguien tan derrotado.

Por un momento pienso que lo que no consiguió el Mortirolo lo va a conseguir este puerto, que eche pie a tierra. Pero sigo pedaleando y por fin corono el puerto.

En línea de meta

Unos minutos después, al cruzar la línea de meta tras el rápido descenso hacia Aprica, oigo pronunciar mi nombre por la megafonía. Tiempo: 7 horas 26 minutos.

Llegué exhausto pero eso ahora no importa. Quedará imborrable el recuerdo de haber conquistado las cumbres que le dieron la gloria a Marco Pantani.

Ya en Aprica

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Comentarios

Mi sincera felicitación por tu espíritu deportivo, por haberla disfrutado como el que más, por no echar el pie a tierra y por hacernos partícipes de esa fantástica experiencia.

Javi menuda pedazo marcha esa ye de las que ponen los pelos de punta yes un máquina

Efectivamente es una marcha de aúpa porque para un aficionado al ciclismo aquello es "místico". La pena es lo lejos que está pero una vez en la vida se puede hacer.

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